sábado, 9 de noviembre de 2019

Ruta megalítica de Roses y castro visigodo de Puig Rom

Este sábado se levanta con un tiempo típico del Empordà, luminoso, frío... y con tramuntana. La tormenta de esta noche pasada ha dejado el Canigó totalmente blanco con una nevada bastante contundente. Nuestra intención era visitar el monasterio de Sant Quirze de Colera (S.X), pero cuando llegamos resulta que están de vacaciones y no hay posibilidad de visitarlo. Lo dejamos para otra ocasión y nos conformamos con verlo exteriormente.
El Canigó, viñas y pinos.
Sant Quirze de Colera.
Vista general de la iglesia.
Los tres ábsides.
Ábside de Santa María de Colera.
Fachada sur con el portal de entrada.
Tras esta primera decepción, nos encaminamos hacia Roses para recorrer uno de los itinerarios megalíticos de la zona. La ruta la iniciamos en un pequeño aparcamiento de la carretera de Roses a Cala Montjoi. Esta ruta está bastante bien señalizada, con indicadores y pequeñas placas explicativas para cada monumento. El conjunto de dólmenes y menhires está datado del neolítico, unos 3200 a 3000 años A.C.
El primer dolmen que encontramos, el dolmen de la Creu d'en Cobertella, es el más grande de los que veremos hoy, y su tamaño es realmente impresionante. El camino va resiguiendo los márgenes de los campos de cultivo, algunos ya abandonados, con unas vistas extraordinarias sobre la Bahía de Roses.
Inicio de la Ruta Megalítica.
Indicadores de las rutas.
Dolmen de la Creu d'en Cobertella.
Camino entre los márgenes de pedra seca.
Panorámica sobre el Puig Rom y la Bahía de Roses.
Después de pasar por el menhir de Casa Cremada II encontramos otra piedra, esta sin placa explicativa, que bien podría ser una estela de época medieval. El recorrido nos lleva hasta el límite de la urbanización de La Muntanyeta, dejando a la derecha un desvío que tomaremos a la vuelta.
Menhir de la Casa Cremada II.
Barraca de pedra seca.
Posible estela medieval.
Llegando a la urbanización La Muntanyeta.
Los dólmenes del Llit de la Generala y del Cap de l'Home, se encuentran muy cerca uno del otro, y son mucho más pequeños que el de la Creu de la Cobertella. El primero conserva parte del corredor de acceso, muy bien restaurado. De vuelta al desvío que hemos pasado antes, vamos ahora en dirección norte para ganar la carena de l'Alzeda siguiendo el Camí de Norfeu entre márgenes de pedra seca.
Dolmen del Llit de la Generala.
El corredor de acceso.
Dolmen del Cap de l'Home.
Camí de Norfeu por la Carena de l'Alzeda.
Vall de l'Alzeda y el Puig de l'Àliga.
Efectos de la tramuntana en las rocas.
Al llegar a la Riera de la Quarentena se puede optar por seguir el itinerario número 3, bastante más largo, o empezar a bajar siguiendo el itinerario 2. Tomamos el camino de bajada que nos lleva a los dos dólmenes-cueva de la Quarentena (I y II). También se pasa por unas insculturas en forma de cazoletas.
Riera de la Quarentena.
Pedres de la Quarentena.
Cueva-dolmen del Rec de la Quarentena I.
Cueva-dolmen del Rec de la Quarentena II.
Fin del recorrido.
Ahora toca reponer fuerzas.
Reponemos fuerzas con un buen picnic en un pradito al lado del aparcamiento, y nos acercamos con el coche a visitar el castro visigodo del Puig Rom. Este enclavamiento se ha datado del S.VII al primer cuarto del S.VIII, una época bastante convulsa tras la caída del Imperio Romano de Occidente el año 476. Fue descubierto el año 1946 y lo más visible a primera vista son los restos de la muralla y la puerta de entrada flanqueada por dos torres cuadradas. En el interior se han ido poniendo al descubierto los restos de diversas edificaciones y algunos silos, un sendero bien acondicionado permite circunvalar el perímetro amurallado.
El Puig Rom.
Muralla y puerta de entrada al castro visigodo.
Restos de edificaciones del interior.
Uno de los silos excavados.
Vista sobre la Bahía de Roses.
La Serra de Rodes al fondo.
Desde la cima se tiene una excelente visión sobre la Bahía de Roses y la Serra de Rodes, lo que explica el porqué de la elección de esta ubicación.
Distancia: 4,6 Km.
Desnivel acum.: +163 mts. -163 mts.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Alt Empordà medieval y un tesoro pictórico oculto

Para el Empordà que nos vamos otra vez. La verdad es que esta comarca nos tiene robado el corazón, siempre encontramos algún rincón que conocer, alguna iglesia que visitar... no te la acabas nunca. En esta ocasión nuestra primera parada es la iglesia de Sant Miquel de Fluvià. Como estamos fuera de temporada hemos llamado al Ayuntamiento de Sant Miquel de Fluvià para poder visitarla, así que cuando llegamos un trabajador del mismo ya nos está esperando (en el bar de al lado de la iglesia) para abrirla y hacernos una visita más o menos improvisada, pero muy voluntariosa. Durante la temporada de verano hacen visitas guiadas digamos "profesionales".
La iglesia corresponde a un monasterio benedictino del S.XI totalmente desaparecido. Fue fortificada durante la Guerra Civil Catalana (1462-1472) y posteriormente reformada en el S.XVII. El campanario es de estilo lombardo, al igual que los ábsides de la cabecera, el conjunto resulta un poco extraño a causa de la fortificación añadida. Destaca la imponente torre de estilo lombardo, ligeramente separada del cuerpo de la iglesia. La puerta de entrada es de estilo gótico-renacentista, y nuestro guía improvisado nos explica que el boquete del dintel es de un cañonazo de la Guerra del Francés.
Iglesia fortificada de Sant Miquel de Fluvià.
El ábside, también fortificado.
Detalle de las ménsulas de las arcuaciones del ábside.
Una de las pequeñas ventanas del ábside.
La torre del campanario.
La entrada con el boquete de un cañonazo.
Lápida sepulcral en la fachada (1258).
El ayuntamiento y los restos del claustro.
La estructura de la iglesia es de planta basilical, con las naves laterales más bajas que la central, y cada una presidida por su correspondiente ábside. En el ábside del lado de la epístola se conserva una Mare de Deu gótica (S.XV) de alabastro policromado, sobre un capitel proveniente seguramente del claustro. Otro posible capitel reaprovechado lo vemos en la pila de agua bendita de la entrada. Destacan los capiteles de los arcos fajones con decoración de motivos vegetales, geométricos y figuras humanas. En algunos se puede ver decoración de ajedrezado jaqués en el ábaco de los mismos.
La nave principal, muy sencilla.
La clave de bóveda de las arcuaciones del coro.
Pila de agua bendita sobre otro capitel reaprovechado.
La pila bautismal.
El ábside del lado de la epístola.
Virgen gótica de alabastro policromado (S.XV).
Capitel con decoración geométrica y ajedrezado jaqués.
Capitel de estilo corintio con ajedrezado jaqués.
Capitel con figuras humanas.
Este con decoración geométrica y la cabeza de un animal.
Tras visitar la iglesia, nuestro guia nos lleva a visitar el horno romano del Clos Miquel. Este horno de cerámica fue descubierto el año 1974, al realizarse unas obras de ampliación de la calle. Se conserva la parte inferior donde se encendía el fuego, con un pilar central que soporta el nivel superior donde se cocería la cerámica, está datado del S.I-II.
Un imagen de Sant Miquel en el antiguo ayuntamiento.
Cartel explicativo del horno romano.
Boca del horno.
Pilar central que soporta la parrilla de cocción.
Nuestra segunda parada de hoy es la Canónica de Santa María de Vilabertrán. Fue fundada por la orden de los dominicos hacia el año 1060, pero no fue hasta el 1100 que se completó la edificación actual obra del abad Rigall. En 1794 tropas francesas saquearon la abadía, se perdió el archivo, la biblioteca y las tumbas de la iglesia fueron destruidas. Solo nos ha llegado lo que es estrictamente el edificio, pero en un estado de conservación increíble, dadas las vicisitudes por las que ha pasado.
Los tres ábsides de la cabecera de la iglesia.
Exterior de las dependencias monacales.
Fachada principal.
Detalle del bonito campanario románico.
El claustro, al igual que el resto de la canónica, se conserva en muy buen estado. Los capiteles y columnas son los originales y muy sencillos, apenas una simple decoración vegetal, como corresponde a la regla de San Agustín. Desde el claustro se accede a las diferentes dependencias del monasterio, como el refectorio, la sala capitular o el dormitorio en la planta superior, todas ellas sin ningún adorno.
La capilla de Sant Ferriol.
Una de las alas del claustro.
Interior del claustro.
Detalle de la decoración de los capiteles.
El refectorio.
La sala capitular.
Escalera de acceso al dormitorio.
El dormitorio de los monjes.
La iglesia es de unas dimensiones considerables, de planta basilical con unas capillas de estilo gótico añadidas con posterioridad en el transepto (S.XIV-XV). Otra vez llama la atención la ausencia absoluta de decoración en los capitales, el ábside y los arcos. En la capilla del lado del evangelio se expone la Creu de Vilabertran, una cruz procesional del S.XIV de estilo gótico. El cuerpo es de madera recubierto de plata dorada, con un fino trabajo de repujado y adornado con piedras preciosas. En el anverso la figura de Cristo está rodeada de imágenes de la Virgen, Adan y los cuatro evangelistas. También hay cinco pequeños relicarios en el brazo inferior, uno de los cuales contiene se supone que es un trozo de la Veracruz. En el reverso se puede ver un Agnus Dei, y en cada uno de los brazos una de las figuras del tetramorfos. Es la cruz procesional gótica más grande (160 cm x 100 cm) de las que se conservan en Catalunya, y una de las mejor conservadas.
Interior de la iglesia.
Bóveda de la nave central con arcos fajones.
Tumba del abad Rigall, fundador de la canónica (1107).
Lápida sepulcral del rey Alfonso I (1154-1196).
Cruz procesional de Vilabertán (S.XIV).
Lado posterior de la misma.
Terminada la visita, y como vamos muy bien de tiempo nos acercamos a Perelada - en el Empordà todo está muy cerca - para una visita rápida antes de comer. Dejamos para otra ocasión el Castell de Perelada, y nos dedicamos a callejear en dirección al claustro de Sant Domènec.
Entrada al recinto medieval.
La Plaça del Pont, antiguo call judio.
Callejas del recinto medieval.
Posando para la cámara.
En el centro del casco antiguo se encuentra el Centre de Turisme Cultural Sant Domènec. La planta baja alberga la oficina de turismo y en la primera planta el Museu de la Vila. No es un gran museo pero tiene algunas piezas interesantes, como un ejemplar de la 2ª edición de las crónicas de Ramón Muntaner (cronista del rey Jaume I y natural de Perelada), también algunas piezas arqueológicas y monedas. Otra cosa curiosa que se puede ver es un gato momificado que se encontró entre el falso techo y el tejado del edificio cuando se rehabilitó. Esta práctica de dejar un gato - vivo o muerto - en este espacio cerrado de la cubierta viene de antiguo, cuando se pensaba que esto protegería la edificación... por lo de las siete vidas.
Ejemplar de la 2ª edición de las crónicas de Ramón Muntaner.
Clave de arco triunfal (S.XI-XII).
Moneda de plata (S.XII) y mancuso de oro visigodo (S.XI).
Monedas de oro encontradas en el Hospital de Pobres (S.XV).
Osario del caballero Guillem d'Avinyó (S.XIV).
Gato momificado encontrado en la restauración del edificio del museo.
Desde el mismo Centro Cultural se accede a una terraza y al claustro de Sant Domènec. El convento original de los siglos XII-XIII fue fundado por la orden de los Agustinos, abandonado después de un incendio en 1285, y refundado por la orden de los Dominicos en 1578. El cambio más importante de esta refundación fue el traslado del claustro a su ubicación actual, en este traslado se rebajaron los arcos que originalmente eran de medio punto, quedando con el aspecto actual algo extraño. El resto de las edificaciones del convento se tuvieron que derribar en 1963 dado el estado de ruina en que se encontraban. En el folleto plastificado que te dan en la entrada se indican los capiteles más interesantes, aunque todos valen la pena.
El claustro desde la terraza del museo.
El ala oeste con la entrada al interior.
Interior del claustro.
Explicación de los capiteles más remarcables.
Capitel de la caza.
Capitel de los atlantes.
Capitel de la Creación, creación de Eva y el pecado original.
Capitel de la Creación, Adán y Eva trabajando.
Capitel de las Harpías.
Capitel de los pecados.
Capitel del banquete medieval.
Capitel con decoración vegetal.
Mientras callejeamos por la parte vieja vamos mirando donde podemos comer algo. Como no es fin de semana muchos restaurantes están cerrados, finalmente decidimos darnos un pequeño lujo y terminamos comiendo en el Restaurant Sotamuralla. No es barato, pero realmente vale la pena, el arroz con bogavante estaba sencillamente sensacional, de los mejores que hemos comido... ¡totalmente recomendable!.
La Plaça Gran.
Una de las puertas de la muralla en la Plaça de Sant Domenèc.
Restaurante Sotamuralla.
Arroz con bogavante... ¡espectacular!
Tras esta opípara comida, nos dirigimos a Torroella de Fluvià para la última vista de hoy, la pequeña iglesia de Sant Tomàs de Fluvià, lo único que queda de una pequeño priorato establecido alrededor del año 1070. Exteriormente es sumamente sencilla, tan solo llaman la atención los tres ábsides de la cabecera, sin decoración alguna. Consta de una sola nave con transepto, en el que se abren las dos capillas laterales correspondiente a los ábsides.
Para poder visitarla fuera de temporada hemos tenido que llamar al Ayuntamiento de Torroella de Fluvià, igual que hemos hecho para la visita de Sant Miquel de Fluvià. A la hora convenida se presenta el regidor de cultura del ayuntamiento, nos abre la iglesia y nos explica la historia de la iglesia y del descubrimiento del increíble tesoro que esconde...unas pinturas murales originales, datadas de los S.XII-XIII. Nos explica que se descubrieron el año 1982 durante las obras de la cubierta. Fueron trasladadas a Barcelona para su restauración y vueltas a colocar en su ubicación original, sobre unos soportes - prácticamente invisibles - para garantizar su conservación. Se nota que es una persona amante de su municipio y preocupada por el patrimonio del mismo.
Sant Tomàs de Fluvià.
Portal de entrada.
Los ábsides, sumamente sencillos.
El increíble tesoro pictórico que esconde.
Las pinturas de la nave (S.XIII).
Conjunto pictórico del ábside central (S.XII).
Cristo en majestad dentro de una mandorla.
San Juan Evangelista, un querubín y Sant Miquel.
San Mateo y varios ángeles.
La Última Cena.
El Prendimiento de Jesús.
La Crucifixión.
Las Tres Marías y el ángel en el sepulcro.
Los Ancianos del Apocalipsis.
Con esta visita damos por concluido este día de turismo itinerante por el Alt Empordà. Nos dirigimos ahora a Castelló d'Empuries donde nos alojamos en el Hostal el Racó de Castelló. Es un hotel sin ninguna pretensión, pero las habitaciones son muy correctas y el personal muy agradable.